
Intrusos (Intruders, Estados Unidos, Reino Unido, España, 2011)
Dirección: Juan Carlos Fresnadillo. Guión: Nicolás Casariego, Jaime Marques. Elenco: Clive Owen, Carice Van Houten, Daniel Bruhl, Kerry Fox. Producción: Belén Atienza, Mercedes Gamero, Enrique López Lavigne. Distribuidora: UIP. Duración: 100 minutos.
CrÃtica previamente publicada con motivo de exhibición en el 59º Festival de San Sebastián:
Fresnadillo tras las huellas de Shyamalan
Si a alguno le quedaba el más mÃnimo resquicio de duda sobre si se dejarÃa notar la influencia en la programación de José Luis Rebordinos, nuevo director del Festival Internacional de Cine de San Sebastián en su 59 edición tras varios años ejerciendo de asesor del equipo de programación y muchos más como director del hermano pequeño y freaky del certamen, la Semana de Cine Fantástico y de Terror, este debió disiparse según se enfrentaba a la pelÃcula de inauguración de este año, Intruders de Juan Carlos Fresnadillo, obra de género a más no poder con la que el canario, plenamente integrado en Hollywood – recuerden 28 Meses Después – nos ha ofrecido su particular visión del cine de fantasmas. O no, según se mire.
La resultona Intruders especula con la posibilidad de que un ente sobrenatural esté acechando a la inquieta hija de un padre (eficaz Clive Owen) que también tiene sus propios fantasmas con los que lidiar, estos algo más mundanos y provenientes del pasado. Juega Fresnadillo bien con las convenciones del género ya desde el arranque donde enseguida quedan las cartas al descubierto: aquà de lo que se trata es de conseguir un más que correcto producto comercial que cumpla con su cometido. Si de paso se intenta aportar algo el género, aunque no sea precisamente nuevo – como juguetear con el público al respecto si lo que ocurre es verdaderamente algo sobrenatural o tiene más que ver con el resultado de traumas, amenazas de carne y hueso por muy fantasmales que aparezcan o directamente alucinaciones de una mente estresada – pues mejor que mejor. Fresnadillo se defiende bien en el aspecto técnico, sabe narrar en imágenes con soltura y, en algún momento aislado, incluso resultar de lo más inquietante y perturbador (ojo a la escena del armario en la que padre e hija se enfrentan a la amenaza, muy bien resuelta) pero Intruders falla por algo fundamental, y es extraño que Fresnadillo no se haya percatado de ello. O quizás no le importe.
En sÃ, no es algo ni mucho menos malo seguir las huellas de cineastas y creadores que te antecedieron. De hecho, resulta de lo más saludable aprender de ellos, y plagiarlos, homenajearlos o reinventarlos dependiendo de la habilidad del cineasta del turno. Lo que resulta imperdonable es que la obra resultante te remita inmediatamente a un cineasta conocido… y llegues a la conclusión que estás ante un simple sucedáneo del mismo. Es lo que le sucede a Intruders, que remite de una forma tan evidente al primerizo y añorado M. Night Shyamalan, que es complicado, mientras uno ve las imágenes del trilladito guión de Intruders, no pensar en el realizador de Sexto Sentido o La Dama en el Agua. No es solo que con el material de partida de Intruders Shyamalan podrÃa haber hecho maravillas en sus buenos tiempos (ese simbolismo, ese doble juego presente-pasado y realidad enfrentada al elemento sobrenatural, las implicaciones familiares) sino que incluso la apariencia de la amenaza de turno – alguien encapuchado de tal forma que no se le ve un rostro del que parece carecer – podrÃa ser un trasunto del mismÃsimo Bruce Willis del tercio final de El Protegido (Unbreakable). Si a eso le sumamos una BSO deudora del habitual James Newton Howard cortesÃa del siempre eficaz Roque Baños, algunos recursos visuales marca de la casa y una resolución que no es exactamente una de esas sorpresas que te obligan a rebobinar la pelÃcula en la cabeza (más que nada porque se ve venir a distancia) pero que en el fondo persigue efectos parecidos, la conjunción de elementos hace la comparación inevitable. E indeseada.
Porque claro, Fresnadillo es bueno, no cabe duda, pero no es Shyamalan en forma. Y lo único que Intruders consigue es, vaya, que añoremos al indio con más fuerza. Ojo, que Intruders no es ni mucho menos una mala pelÃcula. De hecho es bastante correcta. Pero no aporta nada nuevo al género y a estas alturas del partido, es casi un delito. En su campo, La Noche del Demonio de James Wan, por poner un ejemplo reciente, la superarÃa por clara goleada. Eso sÃ: ver a Hector Alterio jugar a ser Max Von Sydow de la mÃtica El Exorcista en una única escena tan chocante como innecesaria no tiene precio. Puestos a sablear referencias, que lo hagan los mejores…






