
Secretos de Pasión (There Be Dragons, Estados Unidos, España, Argentina, 2011)
Dirección y Guión: Roland Joffé. Elenco: Charlie Cox, Wes Bentley, Dougray Scott, Umax Ugalde, Olga Kurilenko, Rodrigo Santoro, Lito Cruz. Producción: Roland Joffé, Ignacio Gómez-Sancha, Ignacio Nuñez, Guy J. Louthan. Distribuidora: SP Films. Duración: 120 minutos
Perdona Nuestros Pecados
El último trabajo del veterano cineasta estadounidense Roland Joffé, creador de importantes tÃtulos en los ochenta como los Gritos del Silencio y La Misión, promete ser muy polémico por las diferentes lecturas que se pueden hacer de él. Una historia de dioses y demonios que convoca a realizar dos lÃneas de análisis: por un lado la cinematográfica y, por el otro, la ideológica.
El segundo nivel de análisis se presenta debido a que se trata de un film histórico que intenta rescatar algunos de los hechos que determinaron y produjeron la cruel Guerra Civil Española, que dejó el saldo de miles de muertos en la penÃnsula ibérica, durante la década del 30. En su intento de ser objetivo, Joffé queda muy pegado implÃcitamente a una parte del conflicto, acentuando los crÃmenes de los revolucionarios partidarios del Frente Popular, y dejando de lado la violencia sistemática que ejerció el Bando Nacional, el franquismo, cuando sabemos que hay pruebas de crÃmenes de guerra y lesa humanidad, como violaciones a las mujeres de quienes apoyaban al bando contrario, o apropiaciones de niños, aunque esto último se deja entrever en el film de una manera muy banal y hasta justificada.
La historia tiene como eje central a Robert (Dougray Scott), un escritor que intenta recrear la vida del sacerdote José MarÃa Escrivá (Charlie Cox), fundador del Opus Dei y canonizado en el año 2002 por el Papa Juan Pablo II, quien tuvo un lazo Ãntimo con su padre, Manolo, interpretado por Wes Bentley (Belleza Americana).
El personaje de Manolo es el más incomodo y logrado del relato, alguien que supo infiltrarse en el bando comunista como espÃa; un sujeto muy ambivalente, tan soberbio como inseguro, que engaña, traiciona y estafa a sus afectos, generando rechazo pero también mucha pena y hasta indulgencia por sus actos.
El sustento ideológico partirÃa de lo que en nuestro paÃs se llamó alguna vez “la teorÃa de los dos demoniosâ€, en relación a los crÃmenes efectuados por la última dictadura militar. El film intenta transmitir que en toda guerra hay vÃctimas y victimarios de ambos bandos, y que su génesis va mucho más allá de la primera bala y sus consecuencias transcienden por años el último disparo.
Salvo excepciones, como decir al pasar que Hitler apoyaba a Franco, o algunos trabajos de inteligencia mafiosos que realizaban los nacionalistas, no hay demasiados datos que cuestionen el franquismo. Los revolucionarios sà aparecen como fanáticos despiadados que persiguen y asesinan a sangre frÃa a los representantes católicos y a cualquier cómplice que se les cruce. A los fieles y súbditos no les queda otra que realizar sus actos religiosos en la mera clandestinidad. Esta cruel e inaceptable persecución religiosa fue uno de los hechos más violentos que produjo esta guerra; el motivo que el film expone es que “supuestamente†la iglesia apoyaba a Franco, obviando la participación ideológica que tuvo la Iglesia Católica en la sublevación militar del 36, ya que no permitÃa, entre otras cosas, ningún gobierno que declare a España como estado laico.
En contraposición a estos salvajes extremistas asesinos aparece la figura de José MarÃa Escrivá, un cura noble, idealizado, sin contradicciones, cuasi mesiánico, atrozmente perseguido cuando él sólo quiere quedarse en Madrid para resistir y transmitir la obra de Dios a las vÃctimas de la sanguinaria guerra, pero no le queda otra que huir porque su vida corre peligro.
El montaje, la música, los planos y las secuencias transmiten muy bien la desesperación e impotencia de este Padre tan abnegado como valiente, y es verdad que uno sufre y padece cuando él y sus amigos se encuentran en situaciones de riesgo.
Por momentos es una conmovedora biografÃa sobre el creador del Opus Dei, pero claro, evitemos por las dudas deslizar la sola idea de que este sector es el más claro representante de la ultraderecha católica, que se instaló en el poder durante la dictadura fascista de Franco, fue cómplice de persecución y crÃmenes polÃticos, y se ocupó no solo de evangelizar a la población, sino también de disciplinarla bajo una modalidad totalitaria y neoconservadora.
De todos modos, hay que ejercer la honestidad intelectual y reconocer que tanto en el cine como en otras ramas del arte, cualquiera tiene derecho a exponer su ideologÃa y transmitir hechos de la historia según su propia visión del mundo pero, en este caso, además de discutir con el texto cinematográfico algunas posturas éticas e ideológicas, estamos frente a una pelÃcula de muy baja calidad artÃstica.
Primeramente, y esto es una apreciación personal, irrita bastante cuándo se quiere contar una historia en el cine y no se respeta su lengua original, excepto por algunas palabras aisladas para que suene “un poco más creÃbleâ€; tendrÃa que ser una gran obra para que este hecho pase desapercibido y este no es el caso. Tampoco se respeta el escenario geográfico; la pelÃcula es filmada casi toda en Buenos Aires, con infinidad de planos que más que remitir a Madrid nos conduce a las calles porteñas.
La Guerra Civil Española hablada en inglés y con el campo de batalla en Diagonal Norte o en la BasÃlica de Luján. No quisiera ponerme en la piel de los espectadores españoles, que tienen que presenciar cómo una parte tan dolorosa de su historia es maniobrada con el fin de lograr un producto más amplio de consumidores y que abarate costos de producción.
Por otro lado, hay algunos errores de rigor histórico. Durante el conflicto nunca hubo un combate armado en pleno centro de Madrid como acá se muestra; el Opus Dei nace unos años antes de la guerra, no en plena lucha armada como cuenta este relato; tampoco se salva Estrivá al cruzar los Pirineos cual San MartÃn cuando escapa hacia Andorra, sino que su destino final fue nada menos que Burgos, una sede militar de Franco.
El guión, a cargo del mismo cineasta, tiene muchas falencias. Las historias aparecen desarticuladas, se nos habla de un lazo de amistad en las vidas de un santo y un pecador que se reduce a los años de la infancia, y luego fueron puros desencuentros. Un triangulo amoroso paralelo que ofrece la cuota pasional y lacrimógena, aunque demasiado ficticia y trágica. La narración se desordena y desdibuja entre una historia coral, con reiterados y agotadores flashbacks que mezclan biopic y ficción, ofreciendo un relato torpemente estructurado.
Al ser una pelÃcula muy pretenciosa, sobresalen muchos planos imponentes del escenario bélico y de la multitud; algunas secuencias están bien filmadas, producto del oficio de su director, pero pecan de demasiados excesos, con el fin de darle a la historia un gran tinte dramático. Hay escenas muy teatralizadas que pretenden impactar con diálogos que resultan muy impostados y plagados de situaciones clisés, algunas de las cuales huelen a tragedia griega. La música extra-diegética es muy grandilocuente y suena innecesariamente en el 90% del metraje. La caracterización de Manolo en la vejez es tan caricaturesca que más que un anciano a punto de morir se parece a un muppet.
Con respecto a las actuaciones, hay que destacar que los tres actores que encarnan los personajes centrales cumplen su función, en especial West Bentley, que puede interpretar un papel lleno de contradicciones internas y expresarlas con gran ductilidad ante las cámaras. El resto del reparto es, por momentos, muy sobreactuado y en muchas ocasiones se nota que el acento inglés no está naturalizado. Un dato interesante: mientras el joven Estrivá se escapa de una banda de comunistas que lo quieren linchar, en la estación Perú de la lÃnea A de nuestro subte lo rescata un guardia del tren, interpretado por Lito Cruz; sÃ, asà de bizarro como suena se ve.
En los tÃtulos finales, una frase que dice: “en cuanto a Manolo, en cada uno de nosotros descansan dragones como los de élâ€. Este es un intento de justificación y universalización de ciertos actos que son un tanto más graves que pecados producto de la debilidad humana. Es por eso que el film gira en torno al perdón. En sus minutos iniciales un sacerdote transmite a los seminaristas que para el Señor lo único que no tiene perdón es no perdonar; esto lo podemos pensar tanto en el plano individual como social. El personaje de Robert se ve envuelto en esta encrucijada y debe tomar una decisión en cuanto a lo que debe perdonar. Ahora bien, la pregunta que me surge es: ¿hasta dónde se puede indultar lo imperdonable?.






