
A partir de octubre la carrera para los Oscars comienza su vuelo internacional. Decenas de paÃses forman parte de la premiación más importante, cuando se elige a la representante de cada nación para formar parte de la categorÃa de Mejor PelÃcula en Idioma Extranjero. Claro está que desde el momento de la elección hasta el anuncio del quinteto hay un trecho muy extenso.
Primero, se cierra la recepción de candidatas, que este año cuenta con 60 aspirantes, de lugares tan diferentes como Albania, Canadá, Filipinas, el LÃbano y República Dominicana. Además, esta es la primera vez que Nueva Zelanda manda una representante.
Luego, todas las cintas siguen su curso normal, salvo que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos determine que una pelÃcula no es elegible. Puede ser porque no represente realmente a su paÃs, o porque se hable mucho inglés en el filme, o porque el equipo técnico incluye a muchos norteamericanos. Algo similar sucedió hace algunos años con la colombiana MarÃa Llena Eres de Gracia.
A partir de diciembre, cada distribuidora internacional exhibe a sus competidoras en eventos privados, a los que invitan a crÃticos, miembros de la Academia y, sobre todo, votantes que viven en Los Ãngeles. Es que antes del anuncio de los nominados hay una preselección decidida por ellos, en las que siguen en carrera solamente 9.
Y finalmente, a principios de febrero se deciden las cinco nominadas y otra carrera comienza, de la que hablaremos más cerca de la fecha.
En lo que respecta a este año, ya se cerró la inscripción y algunos paÃses sonrÃen. Es que Francia o Italia suelen quedar en la categorÃa final. Tuvieron 36 y 27 menciones, respectivamente, en el pasado. Además, son los paÃses europeos que más ganaron.
Argentina, vale destacar, es el único paÃs de Sudamérica que ganó el galardón (se lo llevó dos veces, con La Historia Oficial y El Secreto de sus Ojos) y uno de los pocos que llegaron a estar nominados.
Este año, A Sala Llena tuvo la oportunidad de presenciar el escrutinio público que se realizó el lunes pasado en un microcine de Colegiales. AllÃ, el presidente de la Academia argentina, Juan José Campanella, explicó que la votación se hizo dos veces, ya que El Estudiante entró en competencia a último momento y la mayorÃa de los miembros ya habÃan sufragado. ¿La razón? En contra de las reglas, no habÃa sido estrenada comercialmente con siete dÃas consecutivos de exhibición y no cumplÃa con algunos requisitos técnicos. El director de El hijo de la novia confesó que le pareció injusto y que llamó personalmente a uno de los directivos de la Academia estadounidense, le explicó la situación y logró que desde allá le diesen el visto bueno a este trabajo independiente.
En la sala se encontraban algunos representantes de cada cinta, como Axel Kutchevasky, productor de Un Cuento chino, otros responsables de El Estudiante y Marcos Carnevale, el director de Viudas. Cerca nuestro también estaba Fernando Spiner, el realizador de Aballay: el Hombre sin Miedo, un western gauchesco argentino bien recibido por los crÃticos pero que tuvo un paso tan fugaz por las salas que quedó totalmente desapercibida.
Los primeros votos leÃdos en voz alta fueron directamente del filme ganador. Mientras el escribano seguÃa contando las elecciones, dos de cinco eran para Aballay. Y cada vez que ese tÃtulo se nombraba, los aplausos desde el sector de sus responsables eran cada vez más fuertes.
Los primeros puestos de la tabla de posiciones terminaron de esta manera: Aballay con 22 sufragios, El Estudiante con 16 y Un Cuento Chino con 12. Atrás quedaron Cerro Bayo, El Gato Desaparece, Juan y Eva, Los Marziano, Vaquero y Viudas, aunque ninguna superó los 4 votos.
Mucho se ha dicho sobre la elegida. Que serÃa un suicidio enviar un western a la madre de ese género. Que repetirÃamos lo sucedido con Manuelita. Que El Estudiante es el tipo de pelÃcula que tiene el contenido social que empalaga a los votantes. Lo cierto es nunca se sabe.
La industria cinematográfica nacional, a pesar de sus buenos y malos pasares, nunca tuvo un rol preponderante en los Oscars. Cada vez que la Argentina estuvo nominada o ganó, al año siguiente siempre se esperó con ansias la nueva representante y ese prestigio duró solo esa temporada. No es algo malo, claro. El gusto de la Academia es particularmente cerrado y que nuestro cine no cuadre dentro de él quizás sea algo para distinguir. Más suicidio seguramente hubiese sido enviar Un Cuento Chino. En la última década jamás eligieron a una comedia. Seguramente El Estudiante hubiese sido la mejor opción, pero esas desventajas técnicas que estuvieron a punto de dejarla a un costado de la carrera podrÃan haberla subestimado en Hollywood.
En la conferencia de prensa tras el escrutinio, Campanella aclaró de entrada que no podÃa decir públicamente nada subjetivo sobre la elegida (aunque reconoció a A Sala Llena que la habÃa visto), pero sà se atrevió a reflexionar sobre el momento del cine argentino: “Nuestra industria siempre depende de la situación económica del paÃs, y ahora está pasando por un buen momentoâ€.
Por su lado, el gran ganador del lunes, Spiner, se mostró contento y sorprendido por la elección. “Creo que nuestra pelÃcula es muy argentina, muy gauchesca, como las de antes, y eso quizás sedujoâ€, analizó, a la vez que expresaba su gran deseo de que esa mención ayude a que su trabajo vuelva a la cartelera nacional. Un deseo más posible que el de la nominación, ya que Aballay tendrá que vérselas con, entre otras, las ya aclamadas Las Flores de la Guerra, de China; la libanesa ¿Hacia Dónde Vamos Ahora?, la israelà Nota de Pie, la mexicana Miss Bala, la alemana El Alfiler, la francesa El Puerto, la iranà La Separación, la italiana Tierra Firme y la hongkonesa Una Vida Simple.





