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Se me hacia imposible hablar de Preciosa sin tener en cuenta un contexto en particular. La repercusión de la película en festivales, medios y en la cultura estadounidense, principalmente, porque varios de los referentes más importantes que tiene el pueblo afroamericano tienen una participación clave en el film, lease Mo’nique, Oprah Winfrey y Tyler Perry. Si bien esta claro que nadie dice que porque una película haya sido consagrada por la “crítica especializada”, sido premiada en importantes festivales o bien, por contar con la participación de ciertas figuras, o estar basada en un libro reconocido, no garantizan un buen resultado, uno tiende a esperar algo una obra con ciertos estándares, léase, que si bien puede no gustar o no ser un diez rotundo, algo interesante tiene que tener, pero este no pareciera ser el caso.

Durante varios momentos de la visualización de la película –y créanme fueron demasiados- tenia un pensamiento recurrente “¿Por qué?” o en su defecto “¿Era necesario?”. Y creo que por ahí esta la clave de entender que es lo que pasa alrededor de este film y posiblemente, de algunos otros. Oprah dijo sobre Preciosa “Esta es la razón por la cual hacemos películas”, ahora bien, ¿Cuál, realmente, es esa razón? ¿Sadismo? Digo, y permítanme divagar por un segundo, maltratar de tal forma a un espectador que pone plata de su bolsillo para olvidarse de sus problemas durante dos horas y acrecentar tu, ya de por si, gigante cuenta bancaria. No parece en una primer lectura haber otra explicación, y la verdad, mira los últimos diez años y encuentro películas de gran renombre que siguen la misma filosofía de este engendro de Lee Daniels, se me vienen en este momento a la mente, Million Dollar Baby, Babel (entre otras del mismo director), Vidas Cruzadas (de Paul Haggis), casi todo Von Trier, si me dejan extender un poco más incluyo La Vida es Bella. Pareciera estar aceptado dentro de la industria el golpe bajo como un recurso válido y necesario, sobre todo si se trata de un drama social, escudándose en estilos cuasi documentales o en la ya gastada excusa de la experimentación, o búsqueda de nuevos estilos. Patrañas, sucias y asquerosas mentiras.

Como aprendiz de crítico, aspirante a director cinematográfico y, sobre todo, cinéfilo, si hay algo que aprendí es que el espectador lo es todo, quien paga la entrada, quien nos entrega su tiempo, predisposición, emociones y esperanzas en pos de que le aportemos algo a su vida, quien dice “Vos tenes algo que decir, bueno, yo te escucho”. El golpe bajo es una traición a ese pacto milenario entre el autor y el espectador.

Entiendo que a lo largo del último siglo el cine desvirtuó y reformo ese pacto, que los Antonioni, los Goddard, los Resnais lo llevaron a otro nivel, pero siempre en pos de un crecimiento, de la búsquedas de nuevas fronteras, de agregar recursos a un arte en el que ellos no veían límites, y eso se traduce a nivel técnico, fueron revolucionarios. Marcaron un antes y un después en el cine, reformularon el montaje, la estructura del guión, crearon arquetipos, y lo mejor que dio el cine de los últimos veinte años, viene de personas que se formaron viendo los filmes de estos caballeros.

Yo pienso en preciosa y no solo noto la ausencia de recursos interesantes, un guión de una estructura pobre, el uso excesivo del zoom, la falta de carácter de la cámara en mano, lo pobre de las increíblemente aclamadas actuaciones, el abuso de la voz en off. Elementos que sorprendentemente también se pueden encontrar el los filmes anteriormente mencionados. Básicamente, es la misma película que se repite una y otra vez, como si hubiera algo que quisieran decirnos y pareciéramos no entender. Y la realidad es que no necesitamos que una persona que se vive en una mansión, viaja en limusina y tiene en su cuenta bancaria más plata que la que nosotros necesitamos para vivir dos vidas, venga y nos diga como es llevar esa otra vida. Así como yo tampoco pretendo, estando sentado frente a un monitor, con el estomago lleno, un trabajo y un hobbie que me hacen feliz, decirle a alguien que no tiene nada como debe sentirse. Menos de, como se ha dicho a lo largo de muchos años sobre este tipo de planteos, tomar de forma abyecta hechos y elementos que jugan directamente con la sensibilidad del espectodor. No lo digo bajo la postura de muchos sobre que hay temas que no deben ser tocados, pero si creo, fervientemente, que si se va a hablar de ciertos temas, hay cierta altura que se debe tener, así como que se debe hacer con un nivel de responsabilidad profesional y ética muy importante. Elementos de los cuales parece carecer medio hollywood, y digo medio por una cuestión de respeto a aquellos que han sabido demostrar que se puede hacer cine de otra manera dentro y fuera del mainstream.

Ha llegado un momento donde hemos de decirle basta a este cine, un cine que tiene demasiados representantes argentinos, un cine chato, carente de emoción y profundidad, o mejor dicho, donde las emociones esta ya procesadas y son regurgitadas para que uno las trague de una, un cine sin participación del espectador, un cine con una bajada de línea asquerosamente evidente, un cine superficial, aleccionador, y moralmente cuestionable.

No voy a negar que existe esa realidad, y no voy a negar que hay gente que vive como la propia Oprah que la desconoce o que hace la vista gorda, así como tampoco voy a cuestionar las buenas intenciones de ella a la hora de pretender hacer conocer este tipo de historias, pero se mes inevitable cuestionar el como se lo hace, y añorar otras épocas. Como poder hablar bien de Babel o Vidas Cruzadas, historias donde se habla de la discriminación y la falta de comunicación cuando las pongo en contraste con, para citar ejemplos recientes, de Sector 9 o Invictus, y salen perdiendo, serán otros géneros, pero la denuncia es la misma, pero el arte es más interesante, el contenido más rico y el resultado más efectivo.

Comienzo a recordar con añoranza los iconos de otras épocas, no por las búsquedas de nuevas formas, sino de cómo el cine era excusa –porque eso es lo que es- y no al revés. Como no recordar que para hablar de la caída del sueño americano se contaban otras historias, como los Lumet, los Coppola, los Scorsese maravillaban al mismo tiempo que asustaban al mundo. Como en medio de esa época surgía un icono como lo fue Rocky, que si bien para mi es una gran película, se que para otros no, pero ahí se nos muestra el otro mundo, se muestra la crudeza (literalmente hablando) y el deseo para seguir adelante. Ese personaje representa los Estados Unidos, representa una generación una clase social, una era. Tal vez por eso Stallone haya resucitado el personaje, no me sorprende que después de Million Dollar Baby haya sentido que debía salir a decir algo, tal vez por eso lo haya traído de vuelta para decir “Ni vos, ni yo, ni nadie pega tan duro como la vida, pero no es acerca de cuan duro te pega, sino cuanto te pegan y seguís adelante.” Curiosamente él, que supo vivir en una mansión de lo más fastuosa, viajar por el mundo, ser una estrella, que creció con el pueblo yankee y que en ese momento vivía en la nada, de recuerdos y glorias pasadas. Que vuelve a la esencia del primer filme, a recorrer calles oscuras, vacías, sucias, y como si fuera poco, luego acota “así es como se gana”, y si, es así como se gana.

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