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El Centésimo Mono

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El Centésimo Mono

Dirección y Dramaturgia: Osqui Guzmán. Producción ejecutiva: Suky Martinez. Iluminación: Adrián Cintioli. Diseño de vestuario: Gabriela A. Fernández. Diseño de escenografía: Gabriela A. Fernández. Música: Tomás Rodríguez. Elenco: Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff, Emanuel Zaldua. Prensa: Debora Lachter.

Un mago siempre ensaya ese mago que quiere ser

Son dos los universos que conjuga la pieza: el de la magia y el del teatro, equilibrándose de tal manera que   permite al espectador disfrutar de lo mejor de cada uno, a pesar de juguetear con el tema de la muerte.

Es un excelente trío de magos actores los que intentan acercarse a la teoría del centésimo mono, esa que les comento Helena( personaje tácito ), que dicta que cuando el numero cien de una especie adopta un nuevo comportamiento, el resto de la especie lo adopta como propio (…) y es en esto en  lo que piensa el mago dentro del quirofano, a su vez  dentro de la habitación: a la espera .

Emanuel Zaldua (Umo, Cabaret Mágico, About The Campo, Ofelia) poseedor de una enérgica técnica de expresión corporal intenta explicar como un hombre que recibe anestesia general, cuenta regresivamente y sueña con un mago que a su vez piensa en un hombre… exquisitamente resuelto, capta la atención más allá de la magia. Marcelo  Goobar , ilusionista , destacado en la categoría magia close – up ,  nos maravilla con sus efectos que provocan esa sensación que causa lo misterioso..El tercer interprete es Pablo Kusnetzoff (Espíritu Pequeño) que nos brinda una divertidisima interpretación del mago anglosajón, ese que eleva su discurso de forma tal que acompaña su desplazamiento exagerado, quedando la alocución a la altura de la de un taumaturgo divino, se destaca un muy buen trabajo de interpretación acompañado por números memorables,

Son tres los pacientes , hombres, pero por sobre todo: magos, que cuentan una historia dentro de otra que a su vez esta dentro de otra que trata de sacar a flote esta hipótesis del centésimo mono, teoría que raya con el texto que acompañaría un power point, aquí fortalece la situación dramática y potencia más al enigma que encierra la magia.

La escenografía resulta manejable, con elementos portátiles y giratorios, no distraen , pero tampoco pasan desapercibidos, el vestuario es atento y refinado, todo a cargo de Gabriela A Fernandez, Patricio Delgado y Miguel Yanson. La iluminación (de Adrián Cintioli) juega como soporte de trasporte junto con la música compuesta por Tomás Rodriguez.

Osqui Guzmán (director de Mono, Somos Nosotros, Variedades Antinavideñas) nos brinda  una pieza en clave de comedia que repasa una teoría, haciendo un paralelo entre la magia y la muerte, al compás de los ritos y manías de tres excelentes magos que sorprenden y divierten hasta el final a calzón quitado.

Por Julia Panigazzi

Un hombre sueña que otro hombre sueña que otro hombre lo está soñando.

Según Jossette Feral, la teatralidad tiene que ver con lo espectacular, entendiéndose esto último como la posibilidad de que lo cotidiano pueda transformarse en espectáculo. Así, la teatralidad aparece como un punto en el que la representación se constituye espacio de alteridad, espacio que coloca a un observador frente a un observado.

Es en el teatro en donde esta confrontación se da en su mayor dimensión; y es allí donde aparece la figura del espectador como determinante para que la teatralidad cobre sentido.

En el centésimo mono, escrita y dirigida por el talentoso Osqui Guzmán, la teatralidad arrasa la escena, y en ese torbellino la platea no queda afuera.

En una cuidada y cargada (de elementos mágicos)  puesta en escena, tres magos que de modo directo nos instituyen como claros interlocutores, nos confían su percepción, sus vivencias, sus recuerdos. Se los supone lejanos entre sí en términos físicos, aunque protagonistas de una situación similar. Los tres se encuentran en un quirófano, inconscientes previa anestesia, nos relatan. Lo que vemos, contrariamente a lo que la rutina de un mago acostumbra, es su interacción mientras transitan una especie de sueño terrible en el que aparecen sus miedos, sus virtudes, su relación con su compañera (Elena en los tres casos y que sólo aparece en la vos de cada uno), la intimidad del oficio.

Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua ponen el cuerpo, y bajo una excelente dirección, se encargan de crear un universo tan poético como perturbador. Tres sujetos que encarnan en si mismos esa confrontación de la que hablamos al principio. Tres sujetos que de modo impecable se convierten en el espacio de alteridad en el que confluyen observador y observado. Utilizando recursos como la figura del locutor que establece diálogo con el público de modo directo, y sin olvidar la performance a la que están habituados como profesionales de la fascinación (eternos vendedores de ilusiones), actúan de modo entrañable y violento a la vez. Disfrutan de su talento, de sus encantos; pero en una puesta en escena inteligentemente ideada por Osqui Guzmán, también padecen su propia magia, temen y viven cargando los más bellos secretos, a veces a pesar suyo.

El constante trabajo en escena de modificación del espacio y utilización de cada uno de los elementos que allí aparecen, por parte de los magos, denota una particular destreza en su desempeño; pero también los muestra capaces de conformar un trío que funciona casi cronométricamente, como piezas de un rompecabezas que no pueden ser reemplazadas.

No sólo yace la lírica de EL centésimo mono en el gran desempeño de los tres magos, sino que en una iluminación que potencia la irrealidad del ambiente, una precisa utilización del sonido en donde se filtra una voz muy familiar y un elaborado vestuario; es evidente la existencia de un equipo artístico reunido por la mirada de un gran otro, (si, Sr. Guzmán, a usted nos referimos) que como fatal encantador es el gran responsable de uno de los sueños más bellos que hayamos tenido, el de haber presenciado la más genuina de las epifanías.

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