Pueden gustar o no, pero las pelÃculas de Harmony Korine jamás dejan de llamar la atención. Desde Kids, de la que fue guionista (la dirigió Larry Clark), se encargó de mostrar el costado más oculto, incómodo y perturbador de los Estados Unidos, generalmente por el lado de la juventud. Y eso se extendió a las obras que dirigió, como Gummo y Trash Humpers. Spring Breakers: Viviendo al LÃmite sigue en esa lÃnea, pero con una impronta más delirante, incluso desde el casting.
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Una experiencia religiosa
Korine toma a MTV y Britney Spears como Ãconos de la frivolidad  que caracteriza a la generación postmodernista por excelencia y se nutre de la estética del videojuego para crear una celebración de toda esa degradación de la cultura pop. Ahà entra en juego el videoclip, "las chicas Disney" en bikinis luciendo  gorros rosados con un diseño de unicornio mientras bailan con ametralladoras al ritmo de un tema de la princesa del pop, una referencia recurrente en la pelÃcula. Esa secuencia es la que encierra la esencia de la pelÃcula.
El Gran Simulador relata, en forma de documental, la vida de René Lavand. Para quienes no conozcan esta figura (podrÃamos suponer una gran parte del público joven del BAFICI), se trata de una eminencia en el ilusionismo nacional. Frenkel extrae de los testimonios del ilusionista (nunca le digan "mago") pensamientos, recuerdos, miedos y ocurrencias de la vida cotidiana para formar una suerte de memoria fÃlmica de una vida marcada por el engaño y el mito. Engaño por, naturalmente, su trabajo; mito, por la construcción que se tejió alrededor de su figura (de la que sobresale no tener mano derecha y las sospechas sobre qué le ocurrió).
Cuando un personaje es tan rico, ya sea por su personalidad cómo en la historia que le tocó vivir, esto vendrÃa a ser muy apropiado para realizar una pelÃcula documental, más aun con el carisma que tiene el mÃtico ilusionista argentino René Lavand. La cuestión es que si a parte del gran registro que se puede conseguir a partir del universo entorno al maestro de los trucos de naipes, hay que decir que con El Gran Simulador, Néstor Frenkel le agrega una particular y virtuosa manera de narración cinematográfica, que hace que los sucesos, a parte de interesantes, sean de lo más llevaderos.
"Hay que aprender a aprender a aprender"
Una de las grandes habilidades que posee Frenkel como documentalista, es la de crear de la persona, un personaje inolvidable , sumamente cinematográfico y divertido. En este caso, con René Lavand, el ilusionista. El film contiene material de archivo inteligentemente seleccionado y mostrado. La obsesión de Frenkel por los detalles recae por ejemplo en la presencia de esa melancolÃa a lo largo del film, en el pequeño momento en el cual la mujer del mago ve en un VHS una presentación de su marido. En las charlas de la pareja durante las comidas, y en la estructura del film: esa mano que él espera que llegue de Mar del Plata, y que cuando termina la pelÃcula, no sabemos qué pasó con ella, si la recibió o no.
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