
Fabián Forte es uno de los próceres del cine independiente argentino. Gracias a sus cortos y largometrajes (la mayoría de temática siniestra y terrorífica), pudo triunfar en festivales internacionales. Pero su obra fue poco vista en este país. Por eso, durante septiembre, habrá una retrospectiva en el Artecinema Espacio INCAA. Con motivo de este evento, Fabián respondió amablemente algunas de nuestras preguntas.
¿Cuándo empezó tu interés por el cine?
De chico siempre me gustó el cine. Veía películas y después las dibujaba, hacía una especie de storyboard. Iba a lo de un amigo, compraba un cuaderno de hojas blancas y nos poníamos a dibujar las películas. Todo esto, a los 10, 11 años. La primera que dibujé fue Demonios, de Lamberto Bava. Me impresionó tanto que la empecé a dibujar, como para exorcizar un poco lo que había visto (risas). Después vi Volver al futuro y la empecé a dibujar... pero lo loco era que nunca terminaba de dibujar la película entera. Estaba muy copado en ese momento, pero como iba mucho al cine, veía otra película, me gustaba esa y me ponía a dibujarla y dejaba a la anterior (risas). También dibujaba los posters de las películas. Estaba el cine Cuyo en mi barrio, y el cine Los Andes, en Boedo, y quería entrar a ver las películas prohibios. Como no me dejaban pasar, me colgaba viendo los afiches. Tenía mucho mambo con el cine. Cuando salió el VHS, para mí era mágico que hubiera una película dentro de un cassette plástico. A partir de los 13 años empecé a trabajar en un videoclub, y estuve ahí durante muchos años. Yo iba a buscar los posters de las películas. Cuando se los sacaba parar tirarlos, yo los pedía y los colgaba en mi pieza. Mi mundo siempre estuvo influenciado por el cine. De chico también escribía, no guiones pero sí ideas, historias. Antes de terminar la secundaria ya había hecho un corto, que se llamó Destino. Y cuando terminó la secundaria, decidí dedicarme al cine. Empecé en la escuela privada de cine. Soy una persona muy ansiosa y no tuve la paciencia de hacer el curso de ingreso y dar los exámenes para entrar en el ENERC, así que como tenía un trabajo, me pagué una escuela privada. Ahí empezó mi carrera como realizador. Mientras estudiaba, iba filmando. Mis otros compañeros filmaban cuando les pedían el ejercicio, o las tesis, pero yo filmaba constantemente, con lo que tenía a disposición.
Tus primeros cortos, como Sol de noche y Mal necesario, obtuvieron distinciones en concursos y festivales.
Hice varios cortos y empecé a mandar a festivales alrededor del ’98, ’99, cuando ya había terminado la carrera de cine, en el ’97. Hice cortos independientemente, fuera de la carrera, proyectos personales. Y ahí se me abrió un panorama de festivales de cine, sobre todo en el exterior. Hice Sol de noche, mi primer corto profesional, si se quiere, que filmé con gente de afuera de la escuela de cine. A ese corto lo mandé a todos los festivales que se me cruzaban. Hasta el día de hoy tengo toda la base de datos de festivales. Aprendí, incluso, a foguearme en el inglés para poder comunicarme con festivales extranjeros. O sea, muy de abajo realicé mis trabajos y mis proyectos. El mal necesario también fue un corto muy premiado afuera. Y tuve la suerte de ganara con Dosis el primer premio del concurso TELEFE Cortos. Y después empecé a hacer películas, ya en formato de largometraje.
¿Cómo fue pasar de los cortos a Mala carne, tu ópera prima?
Yo había hecho una miniserie con unos amigos. Empecé a estudiar teatro para dirigir actores. En la escuela de cine me faltó ese punto: dirigir actores, que también es la parte más compleja para mí... Bah, lo más complejo en el cine es conseguir dinero para hacerlo, pero como director, como artista, es complejo dirigir actores, porque el actor no es una máquina y cada actor funciona de una manera diferente. No apretás dos botones y sabés que de esa manera va a funcionar. Me gusta ensayar, hablar con ellos, ver qué les pasa, trato de ponerme yo en su lugar. Yo, al ser actor, puedo identificar el problema que el actor, por orgullo o por determinada sensibilidad o por inexperiencia, no te lo dice o no sabe lo que le pasa. Entonces uno, de alguna manera, al haber estado en su lugar, puede entenderlo.
Y en base a BDPT, a esta miniserie, que hice con mi grupo de teatro, se me ocurrió la idea de un largometraje. Pensá que al haber hecho siete capítulos de 45 minutos, yo decía: “Bueno, estoy muy cerca de hacer una película”. Entonces Mala carne surgió porque la realidad me decía: “¡Hacé un largometraje, está a tu alcancé!”. En BDPT nos organizábamos de la siguiente manera: tratábamos de laburar el 80% de un capítulo en una sola locación, porque sabíamos que cuando habían muchas locaciones y muchos personajes era un quilombo. No le pagábamos a nadie, era un proyecto muy independiente. Pero teníamos que conseguir actores, locaciones... Entonces, para mi primera película, escribí un guión de 50 páginas, que suceda en un solo lugar, y me propuse que fuera una película climática, en donde la puesta de cámara generase un suspenso dentro de la historia, y que la película durara 70 minutos, para tener un formato comercial. Conseguí una cámara MiniDV y una casa, teníamos un elenco de siete actores, y la grabamos cronológicamente durante seis noches. Teníamos todos los elementos: la gente que hacía efectos especiales (aunque habían efectos de montaje, también teníamos de látex, make-up, etc.), y me di el lujo de editarla en cámara. Empecé por la escena 1, seguí por la escena 2, la 3... Teníamos todo a nuestra disposición. De paso, así ayudábamos a los actores a lo largo de la progresión dramática de ellos. Así hicimos la película, siempre conscientes del sistema de producción. Nunca escribo guiones que resulten caros, así si al INCAA no le interesa o no puedo conseguir la plata, yo el día de mañana pueda realizarlos por izquierda, digamos, con poco dinero. Esa es mi forma de trabajar.
¿Y cómo fue que terminaste haciendo Carnal, otra versión de tu ópera prima?
La película estuvo en muchos festivales y ganó en el Fearless Tales, de San Francisco. Se contactaron conmigo, diciendo que había varias distribuidores norteamericanos queriendo comercializarla. Yo, chocho. Pasaron varios distribuidores, y recién la compró el tercero o cuarto. Uno de los pedidos era que tuviera un comienzo y un final diferentes. Entonces, en el 2005, tuve que juntar al elenco de vuelta, y en base a las nuevas escenas que me escribieron, filmamos diez minutos más de película. Esa versión se llamó Carnal, que dura 85 minutos. Mala carne duraba 75. La versión que van a pasar en Artecinema es Carnal, que nunca se vio acá. Ojo, es la misma película, sólo que con un comienzo y un final nuevos; no es una remake de mi ópera prima.
Y después filmaste Celo.
Celo surgió de manera distinta. Sí, como Carnal, es una película independiente, pensada y escrita de acuerdo al presupuesto y a los elementos que uno tenía a disposición. Pero Celo surgió desde los actores. Un día vino Martín Borisenko, que es un actor amigo mío, y me propuso hacer la película. Un largometraje que hablara de las relaciones en sí y de pareja, con un triángulo amoroso y suspenso. Entonces tiramos ideas con Carlos Echevarría y con Claudia Piñeiro, la autora de Las viudas de los jueves, que en ese momento formaba parte del equipo pero luego debió irse. Elegimos cinco o seis ideas, que combinaban, y me puse a escribir yo solo la película que terminó siendo Celo, aunque al principio tenía otro nombre. Los chicos me daban sus devoluciones, y al ser una película independiente podíamos manejar el tiempo de acuerdo a lo que nosotros podíamos, de acuerdo a nuestros trabajos. Como en la película nadie cobró dinero (por lo menos, hasta que se venda), la hicimos durante ocho fines de semana. Tuvimos tres meses de ensayo, dos veces por semana. Fue alucinante. Lo bueno del cine independiente es que uno puede manjar sus tiempos. No tenés un deadline para presentar la copia de la película en determinada fecha, vos te vas manejando. Igual está bueno ponerse un tiempo tope para hacerla. Pero lo bueno, al menos en mi caso, es que tuve tiempo de ensayar, que cuando hacés un cine más comercial no tenés porque la preproducción es poca y también por otros motivos. Eso lo veo trabajando como asistente de dirección en películas para otros directores. No se hace una indagación profunda de la escena. Con Celo fue distinto, incluso ordenábamos diálogos que no estaban bien escritos en el guión, que eran muy duros, que yo no podía en el momento adaptar por no tener el actor, pero al ensayar podía cambiarlo.
Hace poquito co-dirigiste con Demián Rugna Malditos sean!
Malditos sean! Fue un proyecto que lleva ya tres años: 2008, 2009 y 2010. En febrero de cada año rodamos cada una de las historias de la película. Estamos muy contentos con el resultado. Una peli de terror con humor. Actualmente estamos con la postproducción, haciendo efectos digitales y sonido. Trabajamos en ella cuando podemos, cuando nos da el tiempo. Es complicado. Pero creemos que nos va a ir bien.
¿Cómo fue el trabajo de co-dirección?
¡Qué buena pregunta! (risas). Mirá, con Demián es un placer. Nos conocíamos porque fui asistente de él en The Last Getaway, una peli de terror, hablada en inglés, filmada para el exterior. Nos llevamos muy bien trabajando juntos, y en el BARS, en la edición 2007, dijimos: “Loco, hagamos una película juntos”. Nunca nos imaginamos que la peli iba a tener la envergadura que tuvo, porque nuestra idea era hacer una film con cuatro cortos e invitar a otros directores al proyecto. Pero nos dimos cuenta que los que poníamos toda la fuerza éramos nosotros, ya que era difícil que se sumara otro director cuando nosotros armábamos toda la producción. Nosotros, que somos fervientes admiradores del cine, resolvimos hacerla nosotros, y que fueran tres historias en vez de cuatro. La primera la dirigió Demián, la segunda yo, y la tercera, los dos juntos. En la primera y en la segunda historia, cada uno tuvo la libertad de hacer lo que se nos cantó, teniendo cierta coherencia narrativa. En la tercera tuvimos que emparentar nuestra puesta de cámara Pero da la casualidad que los dos tenemos un estilo visual muy parecido, más allá de que uno sea más duro que el otro. Además, tenemos la misma manera de ver el cine y de encarar una historia, sobre todo filmando con dos mangos. Eso nos hace muy parecidos. Y que queda un película de verdad, que no siempre pasa. A muchas películas siempre les falta algo, sobre todo desde lo técnico. Nosotros tuvimos la suerte de contar con La Púa Records para la parte de sonido. Nuestra película podrá gustarte o no por la historia, pero la idea es que cuando salgas, digas: “Vi una película”.
Solés cumplir distintas tareas en películas tuyas y de otros: director, guionista, productor, camarógrafo, asistente... ¿Tenés una preferencia por un área en especial?
A mí la producción particularmente no me gusta, pero la hago porque si no la producción de mi película no la hace nadie. Armo la coordinación de producción y el sistema de producción, desde el guión, que escribo pensando en lo que tengo y lo que puedo conseguir. También consigo las locaciones, en su mayoría. Después, en la Pre, le paso a un jefe de producción de confianza todo lo que yo conseguí, y vemos lo que falta. Pero ya le doy todo medianamente armado, hasta el Callsheet y el plan de rodaje. Pero acá la producción la hago porque me enamoro de mi película y hay algo que me empuja a hacerlo.
Mi área es la dirección. Como asistente de dirección empecé a trabajar haciendo planes de rodajes para mis películas. Ahí empecé a ordenar las escenas y a coordinar los horarios de cada una, de los actores, y en base a eso un día me llamaron para hacer una película de terror como asistente de dirección, lo hice, yo necesitaba meterme en este mundo del cine, y a partir de ahí empecé a contactarme con gente y me empezaron a llamar para otra película, para otra... eso fue en 2004, y hasta hoy trabajé en diecisiete películas como asistente de dirección, más cuatro como continuista.
También dirigiste videoclips.
Dirigí videoclips de bandas pequeñas. El videoclip es un formato que me encanta, pero no se puede vivir haciéndolos. Conozco gente que hace unos videos increíbles y no puede vivir de eso. Acá está la costumbre de hacer todo por dos mangos y no valorar el trabajo del realizador. Las bandas pequeñas tampoco tienen dinero para invertir en videos. Las discográficos tampoco invierten demasiado dinero. Si se pudieran hacer videoclips como los que se ven por MTV, tendríamos una gran industria.
En tus películas hay una temática oscura y fuerte. ¿Qué es lo que te fascina de plasmar en el cine el lado más podrido de nosotros mismos?
Yo escribo mucho cuando las cosas no me van bien en la vida. Cuando las cosas van bien, no hay mucho para contar.
Para qué perder el tiempo escribiendo, ¿no? (risas)
Claro (risas), para qué escribir. Ojo, hay gente que debe escribir desde la bondad y la iluminación, pero yo escribo cuando estoy muy mal. O si no, por laburo, cuando me piden escribir algo determinado, pero eso son guiones que no me salen del corazón porque son encargos. Cuando escribo para mí, a veces me conecto con lo fantástico. Es el género que más me gusta. El terror me gusta, pero me gusta mucho más contar una historia que haga hincapié en lo terrenal, pero que se conecte con un mundo fantástico. Ese sería mi ideal de cine. Desde chico siempre leía a autores como Ray Bradbury.
Con el tiempo, empecé a enamorarme de historias no tan relacionadas con el género fantástico, de historias pequeñas que te cuentan mucho.
Creo que la oscuridad se acerca a eso, a vencer los propios miedos que uno pueda llegar a tener, y a su vez te aleja de la realidad.
Pero también estoy indagando en qué género me siento más cómodo. Me sentí muy cómodo haciendo mis películas, pero me falta incursionar en la comedia dramática o en la comedia a secas. Capaz que soy un buen realizador de películas cómicas, nunca se sabe. Haciendo cine te das cuenta del lugar que tenés como artista y creador.
¿Cuáles son tus principales influencias cinematográficas?
Me gustan Cronenberg, Terry Gilliam, Paul Verhoeven. Scorsese me gusta mucho. También Linklater, sobre todos sus películas independientes, como Antes del amanecer y Antes del atardecer. Me gusta el cine de Doris Dorrie; el cine oriental, sobre todo Takashi Miike, Wong Kar-Wai (un genio) y Park Chan Wook. Gente muy culta en materia artística.
En cine de género argentina, independiente, no para de crecer. ¿Cómo ves esta movida, iniciada hace tiempo por Farsa producciones y representada también por Crepusculum, Paura Flics...?
Con Paura Flics hicimos una película, Penumbra, que está en postproducción. Los pibes esos son unos motores increíbles. Con Adrián y con Ramiro (García Bogliano ambos) me llevé muy bien, y disfruté trabajar con ellos como asistente de dirección, cosa que no siempre ocurre. Son personas inteligentes y muy sensibles.
Hay una movida muy grande de cine independiente, pero en todas las áreas: en la música, en teatro... Hay algo en nuestra sangre que hace que querramos contar lo que nos sucede, sin tener apoyo de ninguna institución para hacerlo. Lo hacemos como podemos. Pero se está abriendo una brecha entre el cine independiente y el cine INCAA. Y en algún momento nos van a brindar su apoyo, abrir salas para que pasen películas independientes. Por ejemplo, la retrospectiva de mis películas se hace en un espacio INCAA, y yo, superagradecido.
¿Podés hablar de próximos proyectos?
Una peli chica, para el mercado americano, que tenía en mente desde hace tiempo. Es de género fantástico, y pasa en una sola locación. También una película más grande, que presenté en el INCAA. Una historia sobre individualismo. Pero mejor no contar más nada para no quemarlo (risas). También hay otros proyectos, pero lo que falta el dinero para concretarlos. Ese es el problema del 80% de los artistas.
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