
Por su película Los Colores de la Montaña, El director colombiano Carlos César Arbalaez viene de obtener el Premio a la Mejor Película en el 23º Festival de Cine de Viña del Mar 2011. A Sala Llena no se perdió de entrevistarlo.
¿Cómo surge la realización de Los Colores de la Montaña?
Yo empecé con ese proyecto en el año 2001-2002, un proyecto que me llevó de nueve a deiz años hacerlo.
La idea empezó con un cortometraje que se llamaba Detrás de la Montaña, y era una idea muy sencilla. Era sobre un niño que vivía en algún lugar de la zona andina colombiana que quería saber que había detrás de una montaña. Y la historia terminaba muy sencilla: un niño que después de trepar a esa montaña se da cuenta que detrás de una montaña lo único que había era otra montaña.
Y un amigo mío cineasta me dice (yo ya había hecho un cortometraje con niños) por qué, en vez de hacer otro cortometraje, no me aventuraba mejor a hacer un largometraje. Y él quería producirlo en ese momento.
Entonces, poco a poco, voy alargando la historia de Detrás de la Montaña. Le puse otro título en principio, Juego de Niños, pero ya había varias películas que se llamaban así. Entonces finalmente terminamos poniéndole Los Colores de la Montaña.
Digamos que en un principio todo lo del balón en el campo minado y eso era apenas una imagen. Una imagen que ya en las últimas versiones del guión yo desarrollé lo que me parece que es una imagen poética, bonita; una metáfora de la absurda realidad colombiana, de todo el cuento del conflicto armado colombiano. También desde un principio tenía claro que no quería hacer una película muy política, muy sociológica, muy antropológica. Yo he dicho muchas veces que realmente el tema de la película es la amistad que se da en la edad que tienen mis protagonistas. Es una amistad que no se repite, creo, en el resto de la vida de uno. Y que si tiene como trasfondo el conflicto armado colombiano, quería sobre todo explorar la mirada de los niños, hacerlo desde la mirada de estos niños. Y creo que eso me ha permitido hacer una película mas psicológica. A veces tiene como un ambiente de thriller: la violencia no se ve sino que se siente, y yo pienso que esa ha sido las cosas buenas que le ha visto el publico y la critica especializada a la película.
¿A qué atribuís que el cine colombiano, cuando toca la compleja realidad colombiana, logre premios internacionales, pero generalmente no es bien recibido por el publico colombiano? Sin embargo, no siendo el caso de tu película, pues abordando el conflicto armado ha obtenido importante repercusión de publico.
El público colombiano dice que ya esta muy mamando ya de estos temas de violencia, de narcotráfico, del conflicto armado colombiano. Yo mismo, cuando cada vez que me entrevistan en Colombia los periodistas me han dicho el por qué otra película sobre el conflicto armado colombiano, y pienso en cómo los medios de comunicación han puesto tanto este tema al publico. Estuvo tan expuesto este tema detrás de sus medios y les parece que hay tantas películas sobre eso. Pero la verdad, no hay tantas películas sobre el conflicto armado colombiano, pero es una idea que ellos creen por los medios de comunicación. Pero no hay por ejemplo películas que cuenten el desplazamiento en Colombia. Habrá una o dos películas colombianas nomás, y estamos hablando de una tragedia humanitaria de más de 4 millones de personas, que es la segunda tragedia humanitaria más grande del mundo. Y solo hay dos películas y el publico colombiano dice que esta cansado de ver ese tema en el cine colombiano.
Pero lo mas bonito fue que, aunque de mi película decían que iba a ser un fracaso por eso, como habían fracasado otras películas que trataban el mismo tema, fue un éxito muy grande comercialmente. Hizo casi 400.000 espectadores, y te digo que estoy muy seguro que mi película es la más pirateada del cine colombiano.
Y es una película que esta centrada sobre la vida cotidiana de una familia que tiene que dejar su casa, su tierra por el conflicto armado colombiano. Y creo que las cosa bonitas que dejo Los Colores de la Montaña es que dio una pequeñita ventanita de sensibilización al público, al espectador colombiano acerca de un tema sobre el que no quería saber nada.
La película pone en un mismo saco a los grupos armados y a los paramilitares, y se centra en un grupo de campesinos con una forma de vida afectada por la violencia, pero que no se explican cómo surgen esas circunstancias. Lo destacable de tu película es que, si bien no se interna en mostrarnos los orígenes de la violencia, no toma partido en forma maquiavélica como se hace en otras películas como en Pequeñas Voces, donde los guerrilleros son mostrados como los malos.
Si, digamos que yo nunca he ninguneado a los grupos armados y los he puesto en el mismo saco, que es también, digamos, una posición política. Yo he puesto la cámara, sobre todo, en las victimas, y sobre todo en la mirada de los niños.
Digamos que esta es una película, como decía alguien, que es una de las pocas películas
antibélicas que habla mal de la guerra sin mostrar la guerra. Yo pienso que esa ha sido una de las cosas que también ha valorado mucho el público. Desde un principio, no quería poner la cámara ni en los guerrilleros ni en los paramilitares. Por ejemplo, cuando a veces ellos hablan yo me quedo en la mirada de los niños y los dejo a ellos en off para que ellos no sean los protagonistas de la película. Y yo pienso que eso también es una posición mía como cineasta, una posición mía frente a la historia, y yo quería que realmente aquí las victimas fueran las protagonistas porque también hubiera podido mostrar muchas escenas de guerra como hizo Pequeñas Voces o cosas de esas que también atraen al publico joven. Pero yo he dejado toda esa violencia fuera de cuadro: a los helicópteros no los muestro, sólo se oye el sonido. El conflicto armado esta muy fuera de cuadro, esto creo que ha sido muy interesante en Los Colores de la Montaña.
El trabajo de los niños en la película es memorable. Ellos tenían la totalidad de la historia en la cabeza.
Yo demoré dos años consiguiendo estos niños, trabajé casi ocho meses en los jardines donde rodamos. Nunca les di el guión de la película. Lo que trabajaba con ellos era el personaje en cada uno de los ensayos, pero eran escenas que había desechado del guión o cosas que me ayudaron a crear los personajes.
Como en el caso del protagonista, yo trabajaba escenas con Palomo para que cuando fuimos a rodar ya sabía que tenía un ternerito que se llamaba Palomo y que ese ternerito posiblemente lo iba a matar su papá porque no servía porque era un macho y no una hembra.
Y así que, casi prácticamente en quince días antes de rodar, ya tenían el sentido de todas las escenas. Eran niños muy inteligentes y escogían las escenas e improvisaban y yo lo único que tuve que decir es esto y esto porque si no se nos abre demasiado la historia. No dejo de agradecerle a estos niños maravillosos y que ellos hayan traído automáticamente la poesía. Y yo pienso que la naturalidad y la poesía que tiene la película se la ha dado la actuación de estos niños maravillosos. Desafortunadamente, no puedo andar con ellos en los festivales. Pero pienso que ellos han puesto una cuota muy hermosa en la película, sobre todo ese niño protagonista, Mauricio, que hace el papel de Manuel, y Poca Luz, que es un personaje que no sé por qué se volvió entrañable: en Colombia hay grupos de fans de Poca Luz. Y, por ejemplo, el curador de cine de San Sebastián decía que había muy pocos personajes albinos en el cine latinoamericano y que tal vez por eso este niño Poca Luz era un personaje memorable.
Uno de los tantos logros de tu película es la música. ¿Cómo fue la elección de la misma?
Te cuento que cuando yo participé en Cine en Construcción, en Toulouse, mostré una copia sin música, y muchos de los directores de festivales que había ahí y gente que sabía mucho me recomendaron que no le ponga música porque la película tenía un tono psicológico y que ponerle música de pronto la volvía melodramática. Y yo vine muy entusiasmado de Toulouse diciéndoles a mis productores que yo no quería música para mi película.
Pero obviamente, ellos se asustaron y dijeron que una película sin música era muy complicada para el público, y entonces finalmente Camilo Montilla hizo un trabajo muy bonito, ha puesto una música muy discreta. Como la película, de todas maneras, tiene un tono documental, y yo fui documentalista más de once años, no quería mucha música. Trabajamos sólo con instrumentos de cuerda, un guitarra y un tiple, muy mezclados con toda la banda sonora de la película. Y yo creo que eso nos ayudó a conservar ese ambiente psicológico que era lo que a mí me interesaba. Pero yo finalmente no le hubiera puesto música a la película.
A pesar de ser vos de una generación anterior, tu cine de alguna manera esta emparentado al de Ciro Guerra en Los Viajes del Viento y el de Oscar Ruiz Navia de El Vuelco del Cangrejo, mostrándonos la riqueza del interior colombiano.
Sí, yo soy de una generación intermedia, no soy un cineasta tan joven como Ciro Guerra o Rubén Mendoza, que son cineasta de 30 años y yo ya tengo 40 y tantos y he quedado un poco en sándwiches entre la generación de cineastas como Víctor Gaviria y Regio Cabrera y esta nueva generación de cineastas como Ciro Guerra, Rubén Mendoza, Carlos Moreno, Oscar Ruiz Navia Estoy ahí como un poquitico en la mitad. No creo que mi cine sea demasiado experimental. Es un cine más bien clásico, sencillo, que cree ser muy efectivo y quiero contar la historia a través de mis personajes.
Ahora en mi nuevo proyecto, Eso que Llaman Amor, quiero explorar sobre todo la psicología de los personajes. Aunque estas son historias de ciudad, me interesa como mostrar la humanidad de los personajes.





