
Dentro del cine fantástico también hay grandes directores que todavía permanecen ocultos. Como David Schmoeller. Amigo de Buñuel y de Jodorowsky, habitual empleado del productor Charles Band durante los ’80 y ’90, se las ingenió para darnos películas aterradores e interesantes. Trampa para Turistas, su ópera prima, sigue siendo recordada por los más fanáticos. Lo mismo puede decirse de Puppet Master, acerca de unos muñecos asesinos, obra que hizo furor en el auge del formato VHS. Films que son una parte de una filmografía tan extraña como imperdible, que también incluye Crawlspace, en la que dirigió —y padeció a— Klaus Kinski. Schmoeller estuvo en la Argentina, donde dio una charla organizada por el festival Buenos Aires Rojo Sangre. Por supuesto, A Sala Llena no se perdió la oportunidad de hacerle algunas preguntas. Un grato momento para el entrevistador. ¡Observen su cara de feliz cumpleaños!
¿Cómo llegaste a tener contacto, siendo vos joven, con Alejandro Jodorowsky y con Luis Buñuel?
A Jodorowski lo descubrí en México, caminando. Entré en un teatro y ahí estaba, ensayando para una obra. De esa manera, empecé a juntarme con él. A Buñuel lo conocí por medio de mi novia de ese entonces, que se convirtió en mi esposa. Era muy amigo del padre de ella, un importante crítico de cine que trajo a Buñuel de Los Ángeles para que pudiera empezar su período cinematográfico mexicano. Buñuel había estado trabajando en Los Ángeles durante catorce años, haciendo doblajes en vez de películas. Era conocido en Francia por su cine, pero después tenía que vivir de algo. Lo conocí cuando volvía de hacer Belle de Jour, con Catherine Deneuve. Yo no sabía demasiado sobre cine, así que no sabía quién era.
Al principio querías ser escritor. Conocer a Buñuel y a Jodorowsky, ¿hizo que te interesaras por el cine?
Buñuel no, porque no me interesé por el cine hasta dos o tres años después de conocerlo. Pero cuando me di cuenta de quién era y de que además era padrino de mi esposa, le mandé una película mía para que la criticara. Y fue una película muy surrealista. Y como él tenía un cine en México, arregló para que la proyectarán allí. Se volvió mi mentor.
Tu tesis fue el cortometraje The Spider Will Kill You, que tuvo mucha repercusión. La historia incluye maniquíes vivientes. ¿Fue como un punto de partida para Trampa para Turistas, tu ópera prima?
La estructura de Trampa para Turistas es más como la de El Loco de la Motosierra, y la del corto, como un capítulo de La Dimensión Desconocida. Pero las dos tratan de maniquíes que cobran vida. Cuando quisimos hacer nuestra primera película, con mi socio —él quería ser productor y yo, director— pensamos “¿Qué podemos hacer que sea similar a El Loco de la Motosierra?”.
¿Qué recordás del rodaje de Trampa para Turistas?
Recuerdo que nos quedamos sin dinero durante la postproducción. Así que esperamos que el productor juntara más dinero para terminar la película. En Hollywood, el laboratorio es dueño de tu película hasta que le pagues. Así que el laboratorio tenía los negativos. Tenés que hacer copias para empezar a hacer dinero, y el laboratorio, hasta que no termines de pagar, no te da el material. Incluso si terminaste de pagar, el laboratorio se queda con una copia. Y MGM era nuestro laboratorio.
Cuando no teníamos plata para la postproducción, buscábamos efectos de sonido. Pero no podíamos pagarle a nadie para que se encargara de eso. Fuimos a MGM, donde teníamos una especie de cuenta, y nos dejaban pedirles dinero. Y fuimos a la biblioteca de sonidos de la empresa, y empezamos a buscar los que sirvieran para nuestra película, como disparos de armas y otros efectos. Como en ese momento no había computadoras, íbamos al catálogo y buscábamos “Disparos de arma”, por ejemplo. Agarrábamos rollos y escuchábamos sonidos. Terminamos robando efectos de sonido de películas como Lo que el Viento se Llevó (risas). Eventualmente, el productor consiguió dinero y pudimos terminar Trampa para Turistas.
En Crawlspace dirigiste a Klaus Kinski. Sé que hay millones de anécdotas sobre él en toda su filmografía y también en tu película. De hecho, durante el rodaje querían asesinarlo. Contame alguna de esas anécdotas.
Klaus Kinski estaba muy perturbado. Explotaba y atacaba al equipo.
Una vez, estaba en su camarín, en un segundo piso, y en el primer piso estaba la cafetería. Allí había un señor mayor martillando el piso. Por supuesto, el ruido molestaba a Kinski. Entonces bajó, agarró un tacho de basura y se lo arrojó al hombre. Así que el manager de producción le prohibió a Kinski la entrada al estudio. Como no tenía a mi actor, tuve que llamar al productor de Los Ángeles, que era dueño del estudio, y él pudo hacerle cambiar de idea al manager de producción. Y hay miles de otras anécdotas.
¿Cómo era trabajar para el productor Charles Band?
Hay muchas historias sobre él. En Trampa para Turistas tenía una reputación terrible, por no pagar. Cuando hicimos el trato, quedamos en que yo ganaría dinero por escribir el guión y por dirigir. Mucha gente me había advertido que apenas recibiera el cheque, lo cobrara. Recibí el cheque tres semanas más tarde, y cuando estaba en el banco, esperando para cobrar, alguien me tocó el hombro. Era él, y me dijo: “No vas a cobrar eso, ¿no?”. Le dije que lo quería, que no había dinero en mi cuenta. Y esa fue una historia recurrente en mi carrera con él.
Muchas de las películas de Band, se filmaban en otros países, como Italia. ¿Cómo eran esas experiencias?
Fue maravilloso. Roma es una ciudad increíble. Era muy barato filmar allí. Ahora es muy caro filmar, hospedarse, comer... Pero en esa época, eran todo tan barato que nos daban dinero por día. Así que comía como un rey en los mejores restaurantes. Fue una buena época.
Trampa para Turistas es una película muy recordaba por el público. Lo mismo Puppet Master. Le dieron alegrías a fanáticos del género en todo el mundo. Son películas de la infancia de varias generaciones. ¿Qué pensas al respecto?
La que es interesante para mí es Trampa para Turistas. Cuando se estrenó, fue un fracaso. El distribuidor era el mismo de Noche de Brujas, de John Carpenter, que había sido un gran éxito, y pensaron que nuestra película también lo sería. Pero nadie entendía cómo verla, así que le fue más o menos. Uno de los problemas era que estaba mal clasificada. En vez R (Restringido. Personas menores de 17 años requieren la compañía del padre o un adulto), figuraba PG (Control de Padres Sugerido ), y nadie quería ver una de terror PG (risas). El lado positivo era que, al ser PG, podía mostrarse por televisión los sábados a la tarde. Así que hay una generación cuyas madres les dijeron “Andá a ver tele” y se encontraron con Trampa para Turistas (risas). Así es como la película fue reescalando. En su libro de ensayo Danza Macabra, Stephen King la elogió y dijo que era un clásico perdido. Y así fue reconsiderada. Salió hace poco un libro con películas que marcaron la historia del cine de terror, y también figura allí. Tomó muchos años que fuera apreciada, y estoy muy feliz por eso.




