
El director chileno estuvo en la 12ª edición del Bafici en calidad de jurado de la Competencia Argentina. Pero también se proyectaron sus excelentes documentales Descomedidos y Chascones y El Charles Bronson Chileno (O Idénticamente Igual), que, con no pocos toques de humor, hablan de la realidad de su tierra nata (muy similar a la del resto de Latinoamérica). No podíamos perdernos la oportunidad de entrevistar a Carlos. Y esto es lo que nos dijo.
¿Cómo fue su experiencia como jurado de la Competencia Argentina?
Una experiencia bien notable, de ver dos películas al día, que te obliga a pensar mucho la experiencia que se tiene con las películas. Ese es un punto. Estas películas tienen un cierto grado de homogeneidad, porque son muy independientes, por un carácter experimental fuerte, y combinan ficción y documental. Un género bastante incierto, porque uno no sabe dónde está. Lo espectacular d la muestra es que casi todas las películas están en ese territorio. La experiencia m pareció pedagógica. Para mí fue un aprendizaje de descubrir una tendencia del festival, desde hace varios años. Eso es lo más interesante para alguien que viene como jurado: el percibir una tendencia, pero no sólo en las películas sino que también un tipo de modelo narrativo, un tipo de trabajo con el género.
¿Cómo se formó como director de cine?
Estudié cine en la Escuela de Arte y Comunicación de la Universidad Católica, primero, y después pasé a la Universidad de Chile, donde en realidad fui a trabajar. No terminé mi carrera en la Católica. Estaba en segundo año, y me contrató el Departamento de Cine Experimental de la Universidad de Chile para hacer en el año 72 Descomedidos y Chascones. Ahí dejé de estudiar cine y estudié Literatura un par de años, y después Arte, que fue la carrera que terminé.
¿Cómo surge Descomedidos y Chascones?
Nace con esa llamada que me hace el cine experimental de la Universidad de Chile, porque ellos tenían un presupuesto pequeño para hacer una película sobre la juventud de los ’70 en Chile. Era un tema muy atractivo, porque era lo que le estaba pasando a la generación de los 24 años (que era la edad que yo tenía) en el gobierno de Salvador Allende. Fue un período extremadamente activo, extremadamente peligroso, extremadamente confuso y extremadamente apasionante y aleccionador. Me llaman para hacer esta película, y yo pienso cómo hacer este documental sobre los jóvenes en que los jóvenes eran el factor determinante de miles de movimientos. Debía pensar cuál era el elemento que los unía. De ahí me apareció un poema de Florión Pérez, “El Último Weekend”, que se refiere a los ancianos. Dice: “Mis queridos ancianos, si somos descomedidos y chascones, y bailamos desesperadamente hasta las cuatro, cinco, seis de la mañana, nunca regresaremos tan bebidos como para olvidar que este pudiera ser el último domingo de la Tierra”. Descomedidos y chascones es una frase que a mí me atrae y que la uso como concepto de trabajo, pensando que los jóvenes en esa época, y ahora también, son seres descomedidos: ocupan espacios que no corresponden, se sientan mal en las sillas, se desplazan a zonas que están fuera de la disciplina... Y chacones porque llevan el pelo revuelto. Chasconeo es lo desordenado. El ser descomedido y chascón es una constante en los jóvenes, en la naturaleza y en la vida humana, digamos. Por eso lo usé como eje. Entonces filmé descomedidos y chascones de Izquierda, de Derecha, trabajadores, intelectuales, ricos, pobres, mostrándoles películas de sus antagonistas. De ahí salió lo que en esa época lo que llamé los Circuitos Reverberantes, o Circuitos Redundantes. Esos circuitos de gente hablando en la película sobre su antagonista.
Cuénteme de los problemas que tuvo la película.
El problema es que una semana antes de la exhibición vino el Golpe de Estado. Tuve que ir a la embajada sueca y esconder la película hasta el año 1980, donde empecé a mostrarla de una manera muy privada. Pude mostrarla más en los ‘90, cuando vino la Democracia, pero no mucho. La muestra más importante que se ha hecho de esta película es acá, en este festival.
¿Cómo es actualmente la diferencia de clases en Chile?
Bueno, ese es el gran problema de nuestros países, y que en Chile es muy agudo. En Chile, las posibilidades de estudio, de salud y protección y proyección, la tiene el 20% de la población. Hay un 80% de la población totalmente desprotegida, con dificultades para educarse, para conseguir trabajo, salud, vivienda, todo. A pesar de que hemos tenido veinte años de gobierno democrático, a pesar de que hay una base social y una organización civil importantes, sigue habiendo diferencias notables de recursos. Es una cuestión que nos afecta y que augura problemas a futuro. Lentamente se han ido resolviendo, pero desde el gobierno de Allende hasta hoy día ha vivido gente en la pobreza. Del mismo modo que durante el gobierno de Allende ha habido gente de una condición social muy buena. Uno podría decir que eso es justicia divina, o la naturaleza, pero no es así. La respuesta que se da en los ’70, que sigue vigente hoy día, es “O salimos todos o no puede salir nadie”. De las situaciones de pobreza y de dificultad en los países, se tiene que salir en conjunto. No puede salir solamente el 20% de la población. Ese es un problema que está vigente, y es el núcleo del problema social, político y cultural de Chile.
Vayamos a El Charles Bronson Chileno (O Idénticamente Igual). ¿Cómo surge la idea de hacer un documental sobre el doble de un actor de Hollywood?
Bueno, yo vi un programa de televisión donde se premiaba al chileno más parecido a un actor americano. Dieron una tarde de sábado el programa, y apareció este hombre. Y me pareció que él constituía una metáfora de un problema permanente en la cultura y en la vida social nuestra: no buscar nuestra propia subjetividad sino que tratar de ver iguales a otros. Buscar parecernos a alguien para poder existir. Me pareció que hacer un documental sobre este personaje, cuya única meta era ser igual a otro, de alguna manera estaba haciendo una película sobre el país.
En el documental, Fenelón (el doble de Charles Bronson) se muestra abierto a contar sus pintorescas anécdotas. ¿Hubo algo que se negara a contar?
Él contó todo. Ahora, no sé si lo que contó será cierto o son sus fantasías, pero ya no importa. En cualquier documental, el documentalista no tiene que cuestionar si es verdad o no lo que se dice. Nunca tuvo problemas para contar su historia. Incluso quería contar más. Él tiene un imaginario que está construido sobre la base de otros imaginarios. Ese es el problema. Y por eso no tiene pudor.
¿Y cómo está Fenelón actualmente?
Tiene unos 75, 80 años. Tiene un problema de sordera en un oído. Pero vive con sus hijos. Sus hijos lo protegen y lo cuidan. Ellos enseñan artes marciales. Y él aparece, se presenta en la casa, se mueve...
Entonces, después del documental, no siguió explotando el parecido.
Sí, pero malamente. No logró conseguir mucho porque es imposible conseguir mucho más. No es tanto un negocio, es más bien una curiosidad. Él pensó que esto podía ser una oportunidad de transformarse en doble, conseguir beneficios en publicidad. Pero nunca lo logró porque era más bien visto como un personaje cómico más que un personaje que representara un doble.
Además, la estrella del Charles Bronson original también se apagó con el tiempo.
También, también.
¿Qué opina de los cineastas chilenos de las nuevas generaciones, como Pablo Larraín, Alberto Fuguet en su faceta de cineasta, Nicolás López...?
Velódromo, de Alberto Fuguet, me pareció estupenda. De las películas de Nicolás López, me gustó más la primera, Promedio Rojo, que la segunda, Santos. Pero yo tengo gran fe y esperanza y entusiasmo en la Generación 2000, la generación de excéntricos y astutos, que es la generación que ha sido capaz de resolver el problema que teníamos de hace tiempo, que es hacer películas, que es la única manera de obtener calidad, de que un cineasta pueda ser bueno. Nosotros no podíamos hacer muchas películas porque no teníamos recursos. Había que imaginar este tipo de películas que está haciendo esta generación. Son películas que les permiten hacer, hacer y hacer, y eso les permite mejorar la calidad. Las de Matías Bize, las de Sebastián Leilo, son películas de 5.000 dólares, no de 50.000 dólares. Y la van a terminar y van a hacer otra y otra... Matías Bize, que de la generación es tal vez el mejor, hizo cuatro películas y no tiene 30 años, y eso es muy bueno. Pablo Larraín ya está haciendo otra. Nicolás López... Su crisis pasa porque Santos es una película de 3 millones de dólares. Entonces se demora mucho, arriesga mucho, y a pesar de que empezó muy precozmente, lo va a afectar. Fuguet hizo un cambio brutal. Salió de Se Arrienda, una película cara para los niveles nuestros, que no resultó de muy buena calidad, y con un equipo reducido y menos recursos hace una película extraordinario como Velódromo. Se está afirmando una tendencia que nos va a permitir desarrollar un cine de buena calidad.
¿Y cómo ve el cine documental a nivel mundial?
Me parece extraordinario. Es el resultado de documentalistas franceses, españoles, que han desarrollado el documental y han logrado instalarlo en salas y en la televisión, y que han reabierto un placer por ver películas documentales, un placer que se había perdido.
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