Javier y Hector Olivera, (Director y Director Adjunto), Magdalena Ripa Alsina (Operadora de Cámara) y Felix Monti (Director de Fotografía)
Héctor Olivera, director prolífico de la cinematografía nacional, presentó este jueves su más reciente trabajo: “El Mural”, una romántica y apasionada historia de época centrada en las relaciones entre el matrimonio de Natalio Botana- Salvadora Medina Onrubia y el de David Alfaro Siqueiros con Blanca Luz Brum. Entre ellos la política, la ambición, el fanatismo ideológico y los límites traspasados una y otra vez.
En esta entrevista Olivera habla de la película, de la relación entre la política y el cine, y de cómo ve al cine argentino de hoy.
¿Cómo llega a contar la historia de El Mural?
Empecé a los 19 años como Asistente del productor Eduardo Bedoya, que había construido junto con Natalio Botana los estudios Baires en Don Torcuato. Bedoya me contó mucho sobre los Botana, de Natalio, Salvadora y de los hijos. Conocí incluso ahí a Elvio. A partir de entonces siempre tuve la idea de hacer una película sobre los Botana. Mucho más adelante formamos Aries con Fernando Ayala, en 1956. Años después, con la empresa más sólida, que encarás proyectos de más nivel, me volvía recurrentemente la historia de los Botana. Pero era muy difícil hacerla, porque eran cuatro épocas, y la escenografía, el vestuario, la reconstrucción de época era costosísima e imposible de recuperar, por lo que fue quedando el proyecto. Hasta que leí la autobiografía de Pablo Neruda, “Confieso que he vivido” y me dí cuenta de que había otros personajes, no solamente estos dos, sino el matrimonio Siqueiros y Pablo Neruda. Y ahí nació realmente la idea de hacer la película. Con Siqueiros teníamos un punto de partida, que era su llegada y un punto de finalización, que era su partida; pero además, una localización, Los Granados, la quinta en donde se realizó el mural. Y por supuesto el diario Crítica, que es un personaje dentro de la película.
¿Qué es lo que más le llamó la atención de la historia de los Botana?
Dos aspectos fundamentalmente; los seres humanos por un lado, tan contradictorios y tan creativos dentro de lo suyo; y por otro lado, la época; el diario Crítica que es mitológico para el periodismo argentino, y un momento de nuestra historia que no se ha mostrado mucho en nuestro cine, sobre todo en el cine reciente. Eso fue lo que más me entusiasmó, lo que más me gustó.
¿Cómo fue el proceso previo a la filmación, el de investigación, búsqueda de información, etc?
Fueron muchos años de estar leyendo, buscando datos, libros, viajando a Méjico para obtener mayor información del personaje Siqueiros, enriquecer lo que yo ya tenía. Y después un trabajo de selección; es un trabajo creativo fundamentalmente de elección, de decir este camino o el otro.
¿Es la película lo que se imaginó usted al principio, cuando se planteó concretarla?
Sí; me dio alguna sorpresa cuando se armó la película, sobre cosas que no me había imaginado yo que se iban a producir después en el público, pero en general la película responde absolutamente a la idea inicial y al guionista consecuente.
¿Cuáles son esas cosas que lo sorprendieron?
Por ejemplo, cuando Blanca Luz se acuesta la última noche con Siqueiros, en la que recuperan viejos momentos: corte a Botana muy serio mirando por la ventana. El mensaje que recibe el público y que lo recibí yo por primera vez y que no se me había ocurrido, era que Botana estaba muy amargado porque Blanca Luz se iba con Siqueiros; y sin embargo ella se queda con Botana. No fue un corte de secuencia premeditado, sino que, aunque estaba previsto ese momento, no me di cuenta de que iba a tener esa lectura.
¿Cómo se eligió a los actores para cada personaje?
Tienen la postura, tienen una transmisión de corporalidad acorde a los personajes que están interpretando. No fue una elección difícil.
¿Cuál de los personajes le atrae más a usted y por qué?
No sé… hay una sorpresa para mí. Dos personajes muy duros en la película, como es el de David Alfaro Siqueiros y Salvadora Medina Onrubia, son los personajes más queribles cuando termina el film. Quizás porque son los “perdedores”.
¿Cuál es para usted el mayor logro del film?
Haberlo hecho
¿Cuánto tiempo demandó?
La filmación fue muy rápida, dos meses. La post producción fueron cuatro, entre ellos un mes de armado y montaje. Trabajé muy cómodo. Tuve un equipo de técnicos de primer nivel, y además un cuerpo actoral muy profesional. El rodaje y el montaje fueron muy fluidos.
¿Cómo es usted como director?
Tranquilo, educado, respetuoso, exigente al máximo.
¿Va a llevar el film a otros países?
Primero veremos cómo nos va en Argentina, luego lo mostraremos al mundo.
¿Qué es para usted el cine?
Copio a Alfred Hitchcock: “El cine es un salón grande, lleno de butacas que hay que llenar con gente” (risas). Estoy en el cine desde los quince años, tengo setenta y nueve; o sea que llevo sesenta y cuatro años metido en el cine. Es mi vida; he trabajado en el cine, he vivido del cine y para el cine. Mi vida está dedicada al cine, y con eso te digo todo.
En sus películas siempre hay una relación con la política ¿Cómo influye esta en el cine?
Hay ciertas películas en las que la política es clave. Quizás las más significativas mías curiosamente tienen mucho que ver con la política. Es algo que tiene que ver con una obligación moral que tenemos los directores de cine argentino, que ni el mejor director norteamericano, europeo o asiático pueden hacer, que es lo nuestro; nadie puede hacer lo nuestro mejor que nosotros.
¿Tiene el cine argentino una marca, algo que lo diferencie con respecto a los demás?
Yo creo que no, pero los argentinos tenemos una característica. Me contaba un amigo que estaba en Berlín en los años ’30, que estaba en el andén de un subterráneo, y del otro lado había un señor, y le dijo “¿argentino?”. ¿Por qué? No sé.
¿Tiene alguna opinión acerca del cine nacional actual?
Tengo una opinión controvertida. Hay muchachos muy talentosos, que están haciendo las cosas muy bien, pero hay una gran mayoría que parece que para lo único que trabajan es para obtener subsidios del Instituto, y eso es muy malo porque se olvidan de algo clave. Estamos en un país con un fondo de fomento cinematográfico alimentado por los impuestos que paga el pueblo argentino en los cines, en el alquiler o compra de DVDs, o indirectamente a través de la televisión. Y nosotros tenemos que devolverles algo; no podemos devolverles películas aburridas, sin sentido y que no las va a ver nadie. Es lo que llamo el “cine estafa”.
¿Proyectos próximos?
Tengo un proyecto anterior, que era La bandolera inglesa, una película de época también, con siete u ocho actores, muy cara –resalta- más cara que esta todavía (por El Mural) pero que se postergó a partir de la gran crisis de setiembre de 2008. La idea es continuarla.
Todos estos vaivenes económicos del país repercutieron en su productora. ¿Cuál es la situación de Aries hoy?
La situación de Aries es que ha pasado a ser una productora independiente, como la de un chico que salió ayer de la escuela de cine.
¿Y cómo se sobrelleva a esta altura de su carrera?
Mi carrera siempre ha sido un desafío; este es uno más.




