
Estamos más que acostumbrados a que los Jurados la líen parda en San Sebastián. De hecho se diría que obtienen un perverso placer en llevar la contraria no ya a la prensa especializada que cubre el Festival, sino incluso al propio público. Examinemos precedentes: en el 2008 otorgaron la Concha de Oro – no vale hacer chistes fáciles – a la correcta película turca Los Tiempos de la Vida (Pandora's Box) dejando de lado casi una obra maestra como Un Día en Familia (Still Waliking) de Kore-Eda y a la contundente Camino de Javier Fesser. En el 2009 fue la china Ciudad de Vida y Muerte, obra durísima y brillante pero asimismo bastante maniquea y lejos de ser redonda, la que se llevó Mejor Película por encima de una de las propuestas más indiscutibles del año, El Secreto de Sus Ojos, con el agravante añadido de que la notable película de Campanella, como la de Kore-Eda el año anterior, se quedó fuera del Palmares. Y el año pasado Neds de Peter Mullan debió ser la típica decisión de consenso de un Jurado muy dividido, incapaz de ver que Pa Negre era la mejor película a concurso, aunque al menos la Concha de Plata como Mejor Actriz de Nora Navas palió un poco el desatino, dando inicio a la catarata de premios que luego recibiría la magnífica y negrísima visión de la posguerra de Agustí Villaronga.
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Pues se acabó lo que se daba. Vistas todas las películas, que en las últimas horas se me han acumulado una sobre otra como los problemas de la delantera del Madrid de Mourinho, por los pasillos del Kursaal todo el mundo anda de los nervios con aquello de que nadie sabe nada a ciencia cierta, porque Rebordinos ha impuesto este año el secreto de sumario dado que la gala de clausura se retransmite en directo por La2 de TVE y los galardonados, como en los Oscar, lo sabrán allí en directo mientras nosotros miramos como se alegran, cuando lo divertido es ver los rostros de los que pierden. Aquí saben que han pillado premio, pero no cual, lo que no sé si es incluso más cruel porque que te hagan venir desde donde sea y uno se haga la ilusión de que va a recoger, que sé yo, un Premio Especial del Jurado o la mismísima Concha de Oro y luego se vaya a casa con el Mejor Guión o Mejor Fotografía bajo el brazo es algo así como pensar que vas a cenar con Rachel Weisz y aparece en su lugar Belén Esteban. Bueno, tanto no, pero casi. En fin, que mucho me temo que estas horas justo antes de la ceremonia por los pasillos, la sala de prensa y aledaños van a ser de lo más curiosas. Yo ya he montado aquí mi tiendita de campaña por si acaso y estoy deseando entregar este artículo para incorporarme a los corrillos de intrigantes… Más abajo, mi lista de buenos deseos, que a buen seguro no se cumplirá.
Hoy voy a aprovechar mi crónica para elaborar una teoría personal respecto a la programación de la Sección Oficial del nuevo equipo de este año, algo que he dado en llamar “El Juego de las Parejitas”. Tengo la fundada sospecha que les divierte colocar de forma consecutiva o muy próximas en el tiempo dos películas que o bien tratan temáticas comunes desde perspectivas muy distintas o bien aunque tengan temáticas distintas, tienen algún elemento común que las une, aunque sea algo anecdótico. Puede que alguno piense que estoy buscándole tres pies al gato o bien que, como en el juego de Kevin Bacon, si uno se estruja mucho el magín, acaba dando con peregrinas formas de relacionar cualquier tipo de películas, pero no es ninguna teoría conspiratoria. Créanme, soy programador de un Festival y más allá de todo eso de la coherencia, somos perversos y nos gusta mucho jugar a estas cosas… Algunas pistas en las reseñas de las pelis de hoy y más pruebas al final del artículo 11 Flowers (Xiaoshuai Wang, China, Francia, 2011) ¡Qué verde era mi pueblo!
Kiseki (I Wish, Hirokazu Kore-Eda, Japón, 2011) La vida y nada más Tiene sin duda este Festival una deuda con un cineasta tan magnífico como Hirokazu Kore-Eda. Nadie entendió muy bien hace tres años, cuando concursó aquí con Aruitemo, Aruitemo (Still Walking) y la práctica totalidad de la crítica y gran parte del público estaba de acuerdo en que estábamos ante la mejor obra de la Sección Oficial, no ya que se le arrebatara la Concha de Oro a la Mejor Película que sin duda merecía, sino que el Jurado presidido por Jonathan Demme lo dejara incomprensiblemente fuera del Palmarés. Tampoco logró el premio gordo cuando trajo Hana, aunque aquello era más comprensible. Sea como sea, lo cierto es que Kore-Eda debe encontrarse muy a gusto en Donosti, ya que regresa una y otra vez a que le den bofetadas, como si de un buen cristiano que pone la otra mejilla se tratara.
The Deep Blue Sea (Terence Davies, Estados Unidos, Reino Unido, 2011) El Final del Romance. No creo que sea demasiado original con esta reflexión, pero creo sinceramente que Terence Davies – aquí es cuando la mayor parte de ustedes, queridos lectores, se ha preguntado mentalmente “¿Quién?” – es uno de los directores menos reconocidos de la industria del cine. Y eso a pesar de películas tan notables como El Largo Día Acaba, Voces Distantes o The House Of Mirth, debilidad personal de un servidor y anterior largo de ficción de Davies, hace ya la friolera de 11 años. Tiene su bien ganado prestigio crítico, por descontado, pero quizás por aquello de que casi emula a su tocayo Malick en cuanto a lo poco que se prodiga, no ha conseguido traspasar esa barrera e instalarse en la mente del público como merecería.
Take This Waltz (Sarah Polley, Canada, 2011) (Sección Oficial) Sarah Polley y mi género favorito (Sección Oficial) La actriz canadiense Sarah Polley, habitual del cine de Isabel Coixet en películas como Mi Vida Sin Mí o La Vida Secreta de las Palabras, ya demostró sobradamente en su interesantísima opera prima Lejos de Ella (Away From Her) no solo que sabía muy bien cómo narrar en imágenes la historia que le interesaba contar sino implicar y sacar así el mayor partido de sus actores - Julie Christie consiguió una nominación al Oscar por su papel – para una compleja historia de amor maduro y alzheimer que demostraba un coraje inaudito en una debutante. Para su segunda obra, es que según la opinión generalizada es la que da la verdadera medida de sí nos encontramos ante una verdadera autora, Polley ha elegido el género que personalmente más me apasiona, ese tan difícil de clasificar pero que todo el mundo reconoce enseguida compuesto por “un hombre, una mujer y dos horas de metraje por delante”, tan universal como inacabable.
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