Estrellita ochentera busca…
Hoy quiero hablarles de un actor al que he estado extrañando. Hace mucho que no lo vemos en ninguna producción significativa en la que ocupe el rol del protagonista y, debo decir con énfasis rotundo, eso es una injusticia. Si, es verdad que lo hemos estado viendo en papeles secundarios en los que se luce bastante pero, lo cierto es que un tipo del calibre de este muchacho, se merece mucho más que eso. Leer más... Comentarios (2)
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Lau llamando a Meryl, contesta Meryl…
En general, soy de las que cree que los sueños no se cumplen y que eso es algo bueno. Es decir, creo que lo que si pueden cumplirse, son los anhelos, pero los sueños no. Pienso que cuando una gran ilusión que tenemos para nuestra vida se materializa, lo hace de manera diferente o en un tiempo diferente o con gente diferente a lo que habíamos soñado. Uno luce distinto de lo que creía, o crece distinto o se expresa distinto o, simplemente, lo vive distinto. Yo creo que eso es bueno, porque nos hace seguir soñando y por ende, seguir anhelando, deseando y viviendo. Uno puede hacer que los anhelos se realicen o la vida puede hacerlo por uno (lo que es menos frecuente) y eso suele traducirse en la felicidad completa. La famosa frase “Tocar el cielo con las manos”, finalmente cobra su significado completo. Una canción de amor para Severus Snape
¿Por qué no me quiere? Esa es una pregunta que casi todos los seres humanos nos hemos hecho en algún momento de nuestras vidas, cuando el objeto de nuestro afecto no corresponde nuestras intenciones. Analizamos los pros y los contra, chequeamos nuestro aliento, mascamos chicle por las dudas, bajamos un poco de peso, buscamos que nos de bien la luz cada vez que lo vemos, ponemos sobre la mesa la cantidad exorbitante de argumentos y razones que hacen que seamos, lejos, la mejor opción para el objeto en cuestión. Y aún así, no nos eligen. Algunos nos juran amor y se apasionan por nosotros. Nos llenan de promesas y después no las cumplen. Otros nos tienen de amigos, de compadres, de hermanos y no nos pueden ver jamás de otra manera que no sea esa. Mientras que un tercer grupo, el peor tal vez, el que probablemente merezca morir, ni siquiera nos dirige la mirada. Big
Como el calor ha pegado bastante fuerte en los últimos días y he estado, como quien dice, medio pachucha, me he dedicado devotamente a la tranquilidad. Me la he pasado en casa, durmiendo bastante, saliendo solo para piletear con amigos o rumbo a alguna tertulia fraternal. No he hecho ejercicio salvo nadar un poco, no he trabajado en absolutamente nada y me he aislado llamativamente en mi burbuja de ojotas, tv y aire acondicionado. Ni siquiera la lectura me ha acompañado esta semana. Estoy en esos días en los que los pies te pesan cuarenta y cinco toneladas, la cabeza se te abomba y vas a trompicones por la casa trajinando las chancletas de goma como alma encadenada. Tengo una montaña de ropa sobre la cama del cuarto de huéspedes, que va haciéndose cada vez más y más alta y a la que no puedo entrarle. No muevo un dedo para limpiar o acomodar absolutamente nada. Mi humor está de un semblante más bien decadente, esclavo de las más bajas pasiones y de los deseos de la carne y el estómago. Mi cerebro funciona lenta, trabajosa y laberínticamente y no tengo paciencia con nada. Me vengaré de esta injusticia…
La mañana se presenta apacible y soleada en este jueves, el primero del 2012, que parece estar maravillosamente azul y, como es bastante temprano, fresco. Por mi parte, no me levanté tranquila. Estoy, como quien dice, un poco desasosegada o tal vez, algo sobresaltada. No tuve pesadillas ni nada que se le parezca, pero creo que el sonido del despertador esta mañana, me paró un poco los pelos de la nuca. Me dejó nerviosa. Debo decir que este estado un poco “intranquilo” viene de pelos para hablar de lo que tengo preparado para ustedes esta mañana, pero preferiría que se diluyera, aún cuando colabora dramáticamente en el asunto. En fin, veamos si conforme pasa el tiempo y me tomo mi mate cocido con más azúcar que de costumbre, se me va yendo un poco y dejo de tener esa sensación de montaña rusa constante en el estómago. |










