
Paraná Pora (Reestreno 2da temporada)
Autoría y Dirección General: Maruja Bustamante. Producción: Monina Bonelli. Interpretes: Monina Bonelli, Valeria Lois. Composición y ejecución de Música Original en vivo: Sonia Alvarez. Vestuario: Candelaria Aaset. Escenografía: (Nave a77) Gustavo Dieguez, Lucas Gilardi. Iluminación: Javier Casielles. Fotografía: Marcos Lopez. Prensa: Débora Lacher.
Varias notas se han hecho ya, sobre el estreno de esta obra de Maruja Bustamante (Fugu, Sapitos, Adela está Cazando Patos) en Ciudad Cultural Konex el año pasado. Sobre el argumento la propia autora y directora expresa: “pensaba en dos mujeres del mismo hombre que estaban en el fin del mundo”. Tamaña imagen utilizada como disparador para su texto no podía producir nada remanido, nada que no fuera especial, incluso si se quisiera tratar del modo más grotesco.
El estilo históricamente ecléctico de Maruja, habitualmente naturalista pero con toques más grandes o más pequeños entre bizarro-fantásticos, tiene que ver con su personal gusto por mostrar las cosas “tal cual son”, pero amar a la par la poesía.
Este estilo durante algún tiempo, para algunos quizá demasiado emparentado con lo popular, crece profundamente con Paraná Porá, en donde tanto puesta como texto se encuentran tratados con un cuidado artístico remarcable. Así es como la directora llega a esta extraña y encantadora “mezcla entre el costumbrismo autóctono con elementos de ficción”, que yo denominaría más cercano al “realismo mágico” literario. La puesta de Maruja se muestra muy bien pensada. El trabajo de realización escenográfica y los vestuarios hacen una composición estética perfecta con los sentimientos de desolación o alma rasgada de los personajes. En dónde lo rasgado y lo derruido no se contrapone a lo bello. Es una pena la sala del reestreno que siendo de gran ancho pero poca profundidad, deja algo en evidencia el artificio, que no tiene orden de ser mostrado en este caso. Visualmente la escenografía así como los movimientos que en ella se operan, hubieran requerido una mayor distancia en lo que a mirada del espectador se refiere. Y no ayuda a esto tampoco la escueta cantidad de tachos del teatro SHA, que impide un trabajo de mayor contraste y claroscuros. Sin embargo y justamente por ello, es admirable que con lo que se contaba estuviera tan bien manejada la coloratura, que prefirió los cálidos para remarcar la dulzura de los personajes, pese a la oscura situación en la que se encuentran. Maruja no se inmuta ante una supuesta “necesidad” de representar el agua que cubre toda la escena y es todo el conflicto, ya que ésta se encuentra perfectamente delimitada en los textos que describen el lugar de situación y la angustia “pasada por agua” de las protagonistas.
El elemento fantástico y relacionado con el “fin del mundo” que mencionaba la autora - la vaca escamada que llaman “mutante”- toca no tan de soslayo una posible realidad apocalíptica que es una seria denuncia de actualidad. Lo que se ejecuta mediante gran sutileza poética dentro del género.
Los personajes son entrañables desde la dramaturgia, y el manejo del comportamiento en el trabajo de composición de las actrices lo eleva a la máxima potencia. Es impresionante la actuación de Valeria Lois, que no debería sorprendernos conociendo su amplia y exitosa trayectoria, pero que aún así lo hace; y no se queda atrás Monina Bonelli. Ambas conectadas profesional y pasionalmente en todo momento.
La música en vivo -incidentales incluidos- tratada sólo con un arpa, es el toque sofisticado, pero que no rompe con el realismo pasional de la historia viva. La arpista (Sonia Alvarez) se encuentra en el medio de la escena con un vestuario acorde a la puesta y opera cual engranaje escenográfico o articulación narrativa de la historia aportando belleza u oscuridad desde el sonido, a la vez expuesta e invisible.
Diría que en este caso como frente a todo lo que vale la pena, como el amor -amoroso, de amistad o filial- el lugar es lo de menos…
Teatro: Teatro Sha – Sarmiento 2255
Funciones: Viernes 21:00 hs
Entrada: $ 50,00





