
A partir de hoy, los redactores de A Sala Llena vamos a compartir con ustedes nuestras pelÃculas favoritas, opiniones sobre los realizadores que más nos gustan, y también todo aquello que odiamos del cine, para que se pueda generar un intercambio cultural con los lectores como si fuera un espacio de discusión.
Cada semana un redactor va a subir un breve texto acerca de una obra que le interese comentar por razones personales. A la vez, el resto de los redactores del sitio también van a poder opinar sobre la discusión del dÃa, porque si hay algo que distingue a nuestro sitio, es la multiplicidad de visiones sobre una misma obra.
Por esto mismo, para inaugurar la sección elegimos la pelÃcula que más divergencias trajo entre varios de los que escribimos en A Sala Llena.
Million Dollar Baby es un polémico trabajo de Clint Eastwood de 2004, que se llevó 4 premios de la Academia y cuenta la historia de Maggie Fitzgerarld, una aspirante a boxeadora, que le pide a un entrenador retirado que la prepare para luchar en torneos, a pesar de que se encuentra en el lÃmite de la edad necesaria para pelear. Sin embargo, el film no habla del boxeo, ni del deporte en sÃ, sino que hace una crÃtica a esa necesidad que tiene el estadounidense de buscar continuamente la confrontación, de querer superarse a sà mismo fÃsicamente, de llegar al lÃmite del masoquismo.
Al igual que Jake La Motta en Toro Salvaje, Maggie debe luchar contra sus propios prejuicios y pierde. A diferencia de Scorsese, que destroza el boxeo y muestra la humillación a la que llega el protagonista, por estar constantemente desafiándose asà mismo y a los demás, Eastwood siente lástima por Maggie, se apiada de ella, y decide cortarle literalmente el sufrimiento antes que verla condenada a vivir como un vegetal como Jake La Motta. Ambas son obras anti boxeo, que tienen acaso las mejores secuencias de peleas filmadas.
Más allá de su capacidad maestra para narrar estas historias lineales, (Eastwood flaquea en mi opinión cuando se enreda temporalmente y con demasiadas subtramas como los casos de J. Edgar y Más Allá de la Vida, aunque la excepción es RÃo MÃstico), del meticuloso trabajo que hace con la imagen y la puesta en escena, y su mano de hierro para dirigir actores (incluido él mismo), Eastwood desafÃa a los sectores más conservadores criticando el materialismo, la inutilidad de la opinión religiosa en estos casos, y haciendo apologÃa a la eutanasia. Y si bien es cierto que por momentos, el guión de Paul Haggis es muy discursivo, y la moraleja muy obvia y didáctica, Eastwood encuentra la forma de ser sutil y suavizar (a través del humor de la relación que tiene con el personaje de Freeman, la música y el uso del fuera de campo) los golpes bajos con la intención de no generar polémica y que el conflicto quede latente, para darle espacio al espectador de reflexionar y discutir la obra con otras personas. Un gran film.





